• Notas del Director

  • Hace más de 5 años bajé por primera vez a las cuevas de cristales en Naica. Habíamos negociado con la empresa minera un acuerdo que nos permitiera hacer durante 5 años una serie de trabajos. Estos eran: un recate visual, que no era otra cosa que fotos de alta calidad y un par de documentales internacionales si era posible, e interesar a científicos del mundo para hacer investigación.

    Sabía poco, muy poco de Naica, había visto algunas fotos y un pequeño video, había tenido unas conversaciones con geólogos y cristalógrafos: eso era suficiente para saber que Naica era un sitio único en el planeta. Como decía Giovanni Badino, astrofísico amante de las cuevas y miembro de nuestro grupo inicial: "Único en la galaxia".

    Pues bien, con eso en mente bajaba yo en un transporte que recorría túneles, oscuros túneles, un ambiente sórdido, desordenado y caótico. El calor subía, era una sensación que hacía crecer el miedo dentro de mí. Yo era el responsable de todo el proyecto y estaba a punto de entrar en pánico. Llegamos a la boca de la cueva y entramos; un calor indescriptible te abraza, te constriñe. No pude disfrutar lo extraordinario del sitio, me repetía una y otra vez: "qué diablos haces aquí", "¿Vas a estar a la altura de liderar este proyecto?". Sólo pude pensar: "No voy a dar la nota, no voy a entrar en pánico, no me voy a desmayar, mañana veo qué hago: si sigo o no". Así conocí la Cueva de los Cristales, el último gran marcador geográfico descubierto por el hombre: maravilloso.

    Pasarán siglos para que el planeta nos de otra sorpresa como esta. Como vamos, tal vez esta sea la última.

    Al día siguiente superé mi pánico e iniciamos 6 años de trabajo en Naica. Diseñamos equipo de supervivencia y filmación, conocimos y entendimos las cuevas, hicimos mapas, los científicos trabajaron, hurgaron para saber qué tan vieja era la cueva y cómo se formó. Salieron artículos científicos y de divulgación en las publicaciones más prestigiadas del planeta y, como nos lo propusimos, realizamos una serie de documentales sobre toda esta experiencia; estos han alcanzado todas las pantallas importantes del mundo.

    Y dejamos para el final la última aventura. Cinco años después de conocer Naica, un día hablando con el director de la mina - ya viejo amigo- usé datos de diversos geólogos que me habían dicho: "Hay más cuevas que las que ustedes conocen, mucho más grandes, algunas veces cuando perforamos perdemos los barrenos, se sueltan dentro de grandes vejigas que seguro están llenas de cristales, hay grutas más grandes que la cueva que ya conocen". Le dije al Ingeniero: "Quiero hacer un documental sobre esas cueva".

    Sabía que era imposible llegar, que sería carísimo introducir un equipo a 500 metros de profundidad, que suponía una gran obra minera. El documental sería más bien virtual con dibujos, animaciones, opiniones de expertos, etc.

    El Ingeniero me contestó: "Le tengo una nueva cueva y está seca". De una pila de papeles sacó un sobre naranja diciendo: "Tenga un video que hicimos". Y me entregó un DVD. La cueva estaba a medio camino de un profundo hoyo de 600 metros, el video fue hecho por una empresa que supervisa la seguridad en pozos profundos. Era una imagen muy pobre en blanco y negro que marcaba la profundidad escrita en la pantalla y, efectivamente, a 500 pies la imagen de paredes tersas del pozo se interrumpía y se veían algunas rocas que, según testimonio de los geólogos, era una cueva. Con esa promesa iniciamos nuestro último proyecto documental en Naica para National Geographic.

    El reto era armar una producción de millón y medio de dólares, bajar con cuerdas a 6 hombres con equipo de video, introducirnos a una cueva nunca tocada y ver qué sorpresa nos deparaba la fortuna.

    Volví a sentir esa vieja sensación que me acompañó la primera vez que visité las cuevas; volví a sentir pánico. Ser responsable de media docena de hombres que se descolgarían en un abismo de 600 metros para introducirse en algo que nunca vi con claridad en el borroso video. Había convencido a National Geographic de arriesgar una millonaria producción sostenido en una borrosa imagen. era suficiente para sentir pánico.

    Y ahí estaba; en la boca del gran hoyo esperando noticias, acompañado de esa viaja sensación, tan solo como solo se puede estar al ser responsable de un circo de hombres y mujeres sostenidos por el delgado hilo de la intuición.